“Deberías comer más”, “deberías hacer
tal curso”, “no deberías coger tanto peso”, “deberías ir allí”, “no deberías
estar aquí”, “no deberías hacer eso”, “deberías escribir más”, “no deberías
perder el tiempo”, “deberías dormir menos”, “deberías trabajar”, “deberías ser
más simpático con ...”, “no deberías criticar tanto”, “deberías venir más a mi
casa”, “deberías llamarme más a menudo”, “deberías estudiar”, “deberías salir a
la calle con más frecuencia”, “deberías divertirte”, “deberías ir al médico”, “no
deberías beber eso”, “no deberías comprar aquello”, “deberías leer tal libro”, “deberías...”,
“deberías...”, “deberías...”
¡BASTA YAAAAAA!
No entiendo porqué extraña razón casi todos y todas creemos lo que mejor le conviene a los demás, mientras que no tenemos ni idea de lo que nos conviene a cada uno y a cada una (a la vista está). Agradezco sinceramente la buena intención que ponen todas las personas que me aprecian y se preocupan por mí, a la hora de procurar mi bienestar, entiendo sus motivaciones y preocupaciones, acepto sus limitaciones, miedos y dudas con respecto a sí mismas... pero con todos mis respetos y cariño les digo: BASTA YA.
Para mí ya se acabaron todos los “deberías”
y “no deberías”, excepto aquel que dice que debería hacer lo que yo crea conveniente en cada momento y en cada
situación, pese a quien le pese; su problema será. En vista al mar de ignorancia en el que todos y todas andamos sumergidos, ¿por qué dejar el mando
de mi vida a terceras personas, por muy buena voluntad que pongan en sus
consejos? Puestos a equivocarnos, prefiero equivocarme yo mismo en lo que a mí
respecta antes de que lo hagan otras personas por mí. Así que reivindico públicamente
mi libertad y mi derecho a errar por mí mismo, para aprender mis propias
lecciones, en vez de verme condenado de por vida a repetir una y otra vez los
mismo errores.
Y tú... deberías hacerme caso. Tendemos a ver siempre los supuestos
problemas de las personas que nos rodean desde nuestra particular perspectiva,
con nuestras propias referencias, creencias, costumbres, experiencias de vida,
etc., que nada, o poco, tienen que ver con las de ellas. De ahí que, por regla general, los "deberías" y "no deberías" que aconsejamos a los demás son los que necesitamos para nosotros mismos. Así que ¿porqué no
dejar de una vez por todas de andar juzgando a los demás, de andar opinando
sobre lo que creemos que deberían o no deberían hacer? ¿Por qué no mejor
aceptarlos tal cual son, y ayudar únicamente con nuestra presencia cercana y
respetuosa y con nuestro apoyo incondicional? Seguro que todos y todas lo agradecerán...
yo, al menos, así lo haré.
Gracias... de corazón.
