sábado, 20 de diciembre de 2014

Tan fácil y lo difícil que lo hacemos




Objetivo: Evolucionar
Cómo: Elevando nuestra vibración (conciencia)
De qué manera: Amando, respetando, sintiendo, volviendo a amar, comprendiendo, aprendiendo... y amando de nuevo.

Y eso es todo... el resto es paja.


sábado, 6 de diciembre de 2014

El Proceso de Despertar


Desde nuestra posición, distinguimos dos tipos de personas diferentes: las dormidas y las que están despertando, o en proceso de despertar. Mientras que continuéis viviendo en este planeta, dentro de esta ilusoria realidad humana, nadie estará despierto del todo. Es más, ni incluso tras el tránsito de la muerte llegaréis a despertar por completo, aún entonces continuaréis en este proceso de despertar de manera indefinida, en otros planos y realidades diferentes.
¿Quiénes son aquellas personas aún dormidas? Todas aquellas que aún no se hayan percatado de que la realidad es mucho más grande y misteriosa de la que perciben por sus sentidos. Aquellas personas que no quieren creer en la inmensidad invisible que las rodea, les da la vida y el poder para abandonar la realidad artificial en la que sus propias mentes las tienen atrapadas. Aquellas personas que no habrán pasado de leer el primer párrafo de este escrito. Así que las personas en proceso de despertar son aquellas otras que han tomado conciencia de que son mucho más de lo aparente, que se han dado cuenta de la posibilidad de otra realidad más allá de los sentidos, de lo meramente físico y material, y comienzan una búsqueda en pos de aquello que vislumbran, en principio, como tan sólo una mera posibilidad.
Una vez iniciado este proceso de despertar, no hay marcha atrás, todos serán pasos hacia delante, aunque algunos no lo parezcan. De la misma manera, tampoco existen dos procesos iguales, cada cual tiene el suyo, así como no los hay mejores ni peores. Tampoco la rapidez tiene trascendencia alguna una vez comenzado. Lo único importante es empezar, algo que llega tarde o temprano a todo ser humano.
Si consideráis que ya os encontráis inmersos en este proceso de despertar, enhorabuena, ya lo habéis conseguido… ahora apechugad con ello, porque no ha hecho más que empezar un periplo en vuestra vida, un nuevo ciclo, que os conducirá irremediablemente por noches oscuras, desiertos interminables y tenebrosos bosques sombríos. Pero tranquilos, también os llevará por parajes iluminados, verdes prados celestiales y bellos paisajes multicolores. Todos estos pasos serán igual de válidos e importantes, y será el propio proceso el que os conduzca de uno a otro, así como será también el propio proceso el que os saque de ellos una vez concluidos, sólo para comenzar otro diferente, ni mejor ni peor. Utilizad las propias herramientas que el proceso os ponga por delante en cada momento y que más cómodas os resulten para cada ocasión, relajaos e intentad disfrutar de todo lo que acontezca. Observarlo como lo que es: parte del proceso, ni más ni menos.
Dicho esto, obvia decir que no hay nada que buscar, nada que alcanzar, aparte de la propia paz, tranquilidad, armonía y equilibrio que obtendréis una vez que toméis conciencia plena de que la iluminación os llegó en el mismo instante en que “decidisteis” iniciar este proceso de despertar. Pero también esto llegará tarde o temprano como parte del mismo proceso… y por nada del mundo penséis que todo terminará ahí, de hecho, lo más fácil es que ni siquiera os deis cuenta cuando os llegue tal estado permanente en vuestras vidas.
Mucho podríamos aconsejaros desde nuestra posición, como que eliminéis por completo los juicios, tanto propios como ajenos, observéis vuestros pensamientos y emociones, sean ésta cuales sean, o fluyáis con todo aquello que el proceso os depare… pero no serían más que palabras vacías si aún no os ha llegado el momento de integrarlas en vuestras vidas, cosa que llegará cuando menos lo esperéis y sin daros cuenta. No hay prisa, todo está en su justo punto.
Si habéis llegado hasta aquí leyendo, nuestras más sinceras felicitaciones, estáis en el proceso de despertar… o sea, haciendo lo que tenéis que hacer, sea lo que sea lo que estéis haciendo, os parezca correcto o no. Ánimo y sentir el máximo amor de nuestra parte.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

Antiguo Paradigma Vs. Nuevo Paradigma (Guía del Buscador)



  • En el Antiguo Paradigma existía la conciencia de que había que “ganarse la vida”, la Vida era dura y había que luchar por ella, por encontrar un hueco donde encajar dentro de la sociedad. En el Nuevo Paradigma la Vida no hay que ganársela, ya que nos pertenece por derecho propio, tan sólo tenemos que coger lo que es nuestro, lo que deseamos o necesitamos, con una sola condición: el respeto por uno mismo, por el resto de la humanidad y por el planeta, junto con todo lo que crece sobre él.
  • En el Antiguo Paradigma se hablaba de lo bueno y de lo malo, de lo que estaba bien y de lo que estaba mal, condicionando de esa manera cada uno de nuestros actos, pensamientos o emociones. En el Nuevo Paradigma no existe lo bueno ni lo malo, lo correcto o incorrecto, tan sólo se tiene en cuenta el equilibrio y el desequilibrio, la armonía y la desarmonía; la Vida busca el equilibrio, así que siempre tenderá a ajustar nuestros excesos y defectos, sean éstos del orden que sea y a pesar nuestra, nos guste o no nos guste. En nuestras manos está el hacer que esta armonización se efectúe de la manera más natural posible, sin luchas ni conflictos, externos o internos.
  • En el Antiguo Paradigma nuestra vida estaba condicionada por multitud de circunstancias ajenas a nosotros: familia, educación, lugar de nacimiento, políticos, profesores, vecinos, etc. con lo que siempre teníamos alguien, o algo, a lo que culpar por nuestras desgracias o penalidades. En el Nuevo Paradigma la responsabilidad (que no la culpa) de todo lo que nos acontece en la vida es enteramente nuestra; lo pasado, pasado está, ya somos mayorcitos como para tomar las riendas de nuestra propia existencia y aceptar nuestra responsabilidad por completo, independientemente de lo que hicieran con nosotros en otros tiempos, ya sea en esta vida o en otras.
  • En el Antiguo Paradigma nos educaban desde la escasez y la desconfianza; había que ahorrar para el día de mañana, no podíamos fiarnos de nada ni de nadie, la Vida estaba en contra nuestra, tan sólo debíamos confiar en aquellos que se autoerigían como protectores nuestros. En el Nuevo Paradigma educamos a nuestros hijos desde la base de la confianza; la Vida fluye a nuestro favor, tan sólo tenemos que aprender a fluir con Ella y nunca nos faltará nada que necesitemos.
  • En el Antiguo Paradigma necesitábamos unirnos en asociaciones, partidos políticos, iglesias, comunidades, etc.; una persona sola, independiente, era débil, vulnerable, no tenía nada que hacer. En el Nuevo Paradigma somos conscientes de nuestro propio poder como individuos y del lazo permanente que nos une con todo y con todos; las relaciones con nuestros semejantes son temporales, en base a necesidades comunes para cada momento y situación, sin perder nunca nuestra propia individualidad, evitando proselitismos, devociones y demás prácticas por las que otorguemos nuestro poder a otras personas o entidades.
  • En el Antiguo Paradigma se consideraban “artistas” a aquellas pocas personas capaces de desarrollar su creatividad abiertamente; eran personas dotadas con dones o habilidades especiales, fuera de lo común. En el Nuevo Paradigma todos somos artistas, todos somos creadores, todos poseemos capacidades especiales que nos permiten crear en el momento en que nos conectamos con nuestra Fuente interna de inspiración.
  • En el Antiguo Paradigma teníamos creencias basadas en dogmas de fe, ideas surgidas de otras mentes que nos habían sido impuestas desde nuestra infancia o, más adelante, a partir de nuestro propio aprendizaje, condicionado por ideas extraídas de personas ajenas a nosotros a los que considerábamos “maestros”, gurús, gente de confianza, etc., que nos convencían de una manera o de otra, con razonamiento o sin él, con discernimiento o sin él. En el Nuevo Paradigma ya no se tienen creencias, sino certezas, basadas en la resonancia vibratoria que dichas ideas puedan tener, o no, con nuestra frecuencia de vibración, con nuestra conciencia en determinado momento. Estas certezas pueden cambiar, y de hecho deben hacerlo, conforme esa frecuencia vaya cambiando, evolucionando.
  • En el Antiguo Paradigma el ser humano aprendía a través de la ley del Karma o, lo que es lo mismo, “a base de palos”; las consecuencias de nuestros actos se alejaban tanto en el tiempo de los mismos, que apenas podíamos relacionar las unas con lo otros, dificultando así en gran medida el aprendizaje. En el Nuevo Paradigma el aprendizaje es mucho más rápido, prácticamente sobre la marcha; el Karma ya apenas tiene sentido, liberándonos por fin de las cadenas opresoras del pasado. Esta es una consecuencia más de nuestra toma de responsabilidad total.
  • En el Antiguo Paradigma se creía en la necesidad de tener una seguridad financiera, un trabajo bien remunerado, un empleo fijo, etc., en lo cual gastábamos la mayor parte de nuestra energía. En el Nuevo Paradigma tenemos la confianza de que el Universo provee, y cada cual tiene la libertad de poder dedicarse a lo que realmente le satisface plenamente, para su bien propio y para el bien de toda la comunidad. Cada ser humano tiene un propósito particular, y es en este propósito donde únicamente puede desarrollar por completo la totalidad de su potencial creativo; con ello, todos ganamos y la energía malgastada es mínima.
  • En el Antiguo Paradigma se tenía la conciencia de que en el Mundo pasan cosas, independientemente de uno mismo, con lo cual cada individuo poco podía hacer por mejorarlo. En el Nuevo Paradigma sabemos que tan sólo suceden cosas en nuestro mundo particular, por tanto cada ser humano se esforzará por crearse un mundo amigable y beneficioso para él, y de esa manera cada mundo particular se verá beneficiado por el de sus semejantes más cercanos.
  • En el Antiguo Paradigma se buscaba la Iluminación, un estado de total claridad y comprensión de todo lo que acontece, que nos situaría en una posición privilegiada ante el resto de semejantes. En el Nuevo Paradigma cada ser humano brilla con Luz propia, no existe la necesidad de ninguna búsqueda ya que poseemos todo lo que necesitamos para desarrollarnos plenamente; nadie es, ni será nunca, mejor que nadie.
  • En el Antiguo Paradigma la mente prevalecía sobre el corazón, obviándose casi por completo el poder de la intuición, la capacidad creativa y el empuje apasionado de las emociones positivas. En el Nuevo Paradigma mente y corazón van de la mano, proporcionando a cada individuo todo el potencial que éste es capaz de desarrollar.

lunes, 25 de marzo de 2013

Cerebro-Corazón




       “Lo hizo de corazón”, “me habló con el corazón en la mano”, “de corazón a corazón”, “te lo digo de corazón”, “escucha a tu corazón”, “el corazón nunca se equivoca”...
       ¿Simples frases hechas? Pues según recientes publicaciones científicas de prestigio, parece ser que no (véase como ejemplo este artículo del periódico La Vanguardia). Según estas publicaciones, el corazón humano posee unas cuarenta mil neuronas, con sus circuitos neuronales incluidos, funcionando a pleno rendimiento independientemente del cerebro-mente, aunque interconectados, como todo en nuestro cuerpo. Podrían parecer pocas neuronas si las comparamos con los millones de ellas que posee el cerebro de la cabeza, pero si tenemos en cuenta que este cerebro-corazón no necesita recordar el pasado, ni imaginar ningún futuro, ni hacer elucubraciones extrañas, ni especular con la información, ni recurrir a creencias de todo tipo, ni nada por el estilo, ni tan siquiera pensar, resulta que son más que suficientes para su propósito.
       Al igual que el cerebro-mente se comunica con el exterior a través de los sentidos (lo que podríamos llamar el cuerpo físico) y trabaja con la información que recibe de éstos, el cerebro-corazón recibe la información que requiere a través de las emociones (cuerpo emocional). Este simple hecho hace que el cerebro-corazón aventaje sustancialmente en fiabilidad y efectividad a su homólogo superior, ya que está demostrado ampliamente que al cerebro-mente tan sólo le llega un cincuenta por ciento aproximadamente de lo que existe fuera de él, en el exterior, y que el resto lo recompone él solito utilizando sus recuerdos, expectativas, creencias, hábitos, pensamientos, etc.; es decir, que para el cerebro-mente, todo es relativo, de ahí la evidencia de que cada cual percibimos una realidad diferente, existiendo tantos mundos como personas vivimos en él.
       Con las emociones no ocurre lo mismo: éstas son las que son, nos gusten o no, y habitan en nosotros de manera inconsciente para el cerebro-mente, invisible para él en la mayoría de las ocasiones, pero inevitables. El cerebro-corazón nos proporciona las respuestas justas y necesarias que necesitamos en cada momento según estemos sintiendo esto o lo otro. ¿Cuál es el problema? Que con el tiempo, a medida que vamos creciendo, vamos perdiendo el saludable hábito de escucharlo, dejando prácticamente la totalidad de nuestras funciones en manos del cerebro-mente, con todas sus limitaciones y prejuicios. Es innegable que el cerebro-mente tiene una utilidad práctica muy necesaria e insustituible; sin él nunca podríamos haber llegado al nivel evolutivo en el que nos encontramos. Pero eso no quita para que aprendamos a darle su lugar como herramienta útil en determinados casos, en vez de dejarlo, como solemos hacer, como motor de todas nuestras actividades, decisiones y propósitos en la vida. El cerebro-mente es el responsable de que actuemos en contra de nuestros auténticos sentimientos, el que nos dice “qué dirán”,  qué pensarán”, “a ver si se molestan”, “es lo que hay”, “no podré”, “esto no me pega”, “ya lo haré más adelante”, “seguro que no funcionará”, “nadie lo entenderá”, “voy a hacer el ridículo” y un largo etcétera de excusas y más excusas con las que nos auto-convencemos y auto-obligamos a hacer o no hacer justamente lo contrario de lo que realmente nos apetece en cada momento y en cada situación. En resumen, el cerebro-mente suele impedirnos ser quienes realmente Somos.
       Por el contrario, el cerebro-corazón siempre nos impulsará a hacer lo debido, lo correcto para nuestro auténtico Ser, guste o no guste, pegue o no pegue, moleste a quien moleste, aunque no siempre sea lo esperado, ni deseado, ni tan siquiera por uno mismo, pero sí lo que en ese momento concreto necesitamos para encontrarnos en paz, en armonía, con nuestra propia naturaleza, ya sea pegar un grito de alegría, llorar amargamente, abandonar un lugar, dejar a determinadas personas, decir no, llamar a alguien, cambiar de trabajo, de actividad, de país, o lo que sea que sintamos en ese momento concreto. Si hemos olvidado cómo hacerlo, cualquier niño puede refrescarnos la memoria; ellos, al igual que nosotros cuando lo fuimos, saben mejor que nadie actuar según les dicte el corazón: lloran cuando tienen que llorar y ríen cuando tienen que reír, pueden cambiar de actitud en cuestión de segundos, sin recordar para nada lo que estaban haciendo unos minutos atrás. Sus mentes están libres de prejuicios, expectativas, planes de futuro, ni nada por el estilo que los bloquee ni les impida expresarse con entera libertad según sientan en cada momento.
       Evidentemente ya no somos niños, supuestamente tenemos más madurez, más sabiduría, más experiencias acumuladas, y todo este bagaje debería poder facilitarnos mejores respuestas ante cualquier situación. En cambio, continuamos sufriendo, enfermando, sin estar en paz, buscando soluciones dios sabe dónde... Pero seguro que todos conocemos a personas que parecen encontrarse en todo momento en un estado de relajación, pase lo que pase, que están en paz consigo mismos y con el resto del mundo. Y seguro que todos nos hemos dado cuenta de que suelen ser personas muy sensibles, personas que suelen obedecer siempre a sus intuiciones... es decir, que “escuchan a su corazón”. En el artículo citado arriba se exponen con claridad las distintas maneras con las que el cerebro-corazón se comunica, no sólo con el resto del cuerpo, sino también con todo lo que le rodea. Como viene ocurriendo con otros muchos campos, al fin parece que la ciencia empieza a acercarnos a todo ese conocimiento ancestral que tantísimos seres humanos a lo largo de la historia, y en el presente, han intentado demostrar de manera más intuitiva que empírica, no por ello menos valorable, por lo que se ve.
       La conexión entre nuestro corazón y nuestra mente es posible y necesaria, ambos deben funcionar de manera conjunta y sin interferencias; a mi parecer, este aprendizaje, o re-aprendizaje, es de vital importancia para todo aquel que desee de verdad mejorar sustancialmente su calidad de vida y llegar a ser quien realmente Es.
       Os lo digo de corazón.

jueves, 17 de enero de 2013

¿Deberías?



“Deberías comer más”, “deberías hacer tal curso”, “no deberías coger tanto peso”, “deberías ir allí”, “no deberías estar aquí”, “no deberías hacer eso”, “deberías escribir más”, “no deberías perder el tiempo”, “deberías dormir menos”, “deberías trabajar”, “deberías ser más simpático con ...”, “no deberías criticar tanto”, “deberías venir más a mi casa”, “deberías llamarme más a menudo”, “deberías estudiar”, “deberías salir a la calle con más frecuencia”, “deberías divertirte”, “deberías ir al médico”, “no deberías beber eso”, “no deberías comprar aquello”, “deberías leer tal libro”, “deberías...”, “deberías...”, “deberías...”

¡BASTA YAAAAAA!

No entiendo porqué extraña razón casi todos y todas creemos lo que mejor le conviene a los demás, mientras que no tenemos ni idea de lo que nos conviene a cada uno y a cada una (a la vista está). Agradezco sinceramente la buena intención que ponen todas las personas que me aprecian y se preocupan por mí, a la hora de procurar mi bienestar, entiendo sus motivaciones y preocupaciones, acepto sus limitaciones, miedos y dudas con respecto a sí mismas... pero con todos mis respetos y cariño les digo: BASTA YA.
Para mí ya se acabaron todos los “deberías” y “no deberías”, excepto aquel que dice que debería hacer lo que yo crea conveniente en cada momento y en cada situación, pese a quien le pese; su problema será. En vista al mar de ignorancia en el que todos y todas andamos sumergidos, ¿por qué dejar el mando de mi vida a terceras personas, por muy buena voluntad que pongan en sus consejos? Puestos a equivocarnos, prefiero equivocarme yo mismo en lo que a mí respecta antes de que lo hagan otras personas por mí. Así que reivindico públicamente mi libertad y mi derecho a errar por mí mismo, para aprender mis propias lecciones, en vez de verme condenado de por vida a repetir una y otra vez los mismo errores.
Y tú... deberías hacerme caso. Tendemos a ver siempre los supuestos problemas de las personas que nos rodean desde nuestra particular perspectiva, con nuestras propias referencias, creencias, costumbres, experiencias de vida, etc., que nada, o poco, tienen que ver con las de ellas. De ahí que, por regla general, los "deberías" y "no deberías" que aconsejamos a los demás son los que necesitamos para nosotros mismos. Así que ¿porqué no dejar de una vez por todas de andar juzgando a los demás, de andar opinando sobre lo que creemos que deberían o no deberían hacer? ¿Por qué no mejor aceptarlos tal cual son, y ayudar únicamente con nuestra presencia cercana y respetuosa y con nuestro apoyo incondicional? Seguro que todos y todas lo agradecerán... yo, al menos, así lo haré.
Gracias... de corazón.



viernes, 30 de julio de 2010

Libertad


Una de mis últimas entradas, la titulada “El Esclavo” y, sobretodo, los comentarios que suscitó, me hicieron pensar mucho acerca de lo que llamamos “libertad” y el concepto que cada uno tenemos sobre ella. Intentar definir esta palabra es tarea ardua difícil, ya que es un término muy personal e íntimo. Cada cual tiene el umbral de su libertad a diferente altura.

Es evidente que todos tenemos que ganarnos la vida de alguna manera, mantener una familia, alimentarnos, cobijarnos bajo un techo... en definitiva, vivir. Todo esto es costoso, ya se haga en medio de la naturaleza recolectando fruta, cazando animales salvajes y fabricándonos una choza o acudiendo a diario a una oficina durante ocho horas a cambio de un sueldo. Ambos métodos pueden ser perfectamente válidos y tan dignos y respetables tanto el uno como el otro. Por consiguiente, no creo que hablar de libertad sea hablar de la forma en la que cada cual se gana la vida.

Y entonces, ¿en qué consiste la libertad?, ¿qué persona se puede considerar más libre? Quizás la libertad radique en la capacidad de elección de cada uno de ellos. Josep Lluís mencionaba la siguiente cita de Forges:

“Soy libre...

... puedo elegir el banco que me exprima; la cadena de televisión que me embrutezca; la petrolera que me esquilme; la comida que me envenene; la red telefónica que me time; el informador que me desinforme; y la opción política que me desilusione.”

Suena bastante deprimente, pero a mi entender, Forges, con su habitual ironía, no iba mal encaminado. Tenemos capacidad de elección, por tanto, somos libres. Si en vez de vivir en una sociedad civilizada y democrática, viviésemos en medio del campo a expensas de los elementos, no tendríamos bancos que nos exprimiesen ni televisiones que nos embruteciesen, pero nuestra supervivencia y felicidad seguiría dependiendo de otros factores también ajenos a nuestra voluntad, como pueden serlo las condiciones medioambientales, la variedad vegetal y animal del hábitat, nuestras habilidades naturales, nuestra salud, etc. Es decir, todo es muy relativo.

Pero si es así, ¿por qué nos sentimos tan maniatados y esclavizados de todo lo que nos rodea? A mi parecer, puede que esto se deba a que no utilicemos esta capacidad de elección que tenemos debidamente, o sea, que la mayoría de la gente es incapaz de elegir lo que en verdad le conviene de entre toda la oferta que se le ofrece. Por ejemplo, es cierto que la televisión puede embrutecer, pero también es verdad que existen algunos programas de calidad que nos enseñan algo positivo; o, a unas malas, nadie nos obliga a tenerla encendida. También con los bancos tenemos una amplia gama donde escoger, y a los que poder exigir; siempre habrá algunos menos malos. Y lo mismo se podría decir de todo. Sólo es cuestión de conocer todas las ofertas que tenemos a nuestro alcance y elegir la que mejor se adecue a nuestras necesidades. Evidentemente siempre habrá unos límites insuperables, pero como ya hemos dicho, esos límites existirán en cualquier situación en la que nos encontremos. Son los límites que establecen las circunstancias.

Por lo expuesto, pienso que seremos más libres cuanto más opciones tengamos a nuestra disposición donde elegir. Pero no sólo eso, también es esencial el conocerlas todas a fondo y el poder decantarnos libremente por la que queramos, cosa que habitualmente no ocurre. Lo normal es que nos fiemos ciegamente de lo que nos vendan otros, atendiendo a sus necesidades particulares que nada tendrán que ver con las nuestras. O que nos dejemos llevar confiadamente por las corrientes impuestas también por otros, sin pensar siquiera en otras posibilidades que también existen y que podrían ser mejores y estar a nuestro alcance si nos preocupásemos por conocerlas. Sin este conocimiento, nuestra libertad se verá sensiblemente mermada, además de manipulada. Y estos otros a los que hago referencia no tienen porqué ser siempre extraños, pueden ser perfectamente personas de nuestro entorno, como padres, hermanos, vecinos, pareja sentimental, hijos, etc.

Resumiendo, se podría decir que será más libre la persona que disponga de más opciones donde elegir, mejor conocimiento tenga sobre cada una de ellas y, por supuesto, menor coacción sufra a la hora de optar por la que desee. Y esto es algo que se podría aplicar a todos los ámbitos de la vida: trabajo, amigos, lugar donde vivir, creencias religiosas, aficiones, ocio, etc.

Pero hasta ahora no se ha dicho nada sobre la libertad de pensamiento tan comentada en la entrada anterior mencionada. ¿Cómo podría influir un pensamiento libre en todo lo expuesto anteriormente? Recordarán que también yo mencionaba la posibilidad de ser más libres encerrados en una prisión que viviendo en libertad y rodeados de toda clase de lujos y placeres; ¿cómo puede ser esto posible?

Intentaré explicarme, aunque no es fácil. La sensación de libertad está íntimamente asociada con las necesidades de cada uno, de ahí que sea algo tan personal. Pondré un ejemplo sencillo: si yo necesito un automóvil, me sentiré más libre conforme más modelos tenga donde elegir, mejor los conozca y mayor sea mi capacidad para poder comprarme el que desee. Pero quizás me sienta aún más libre si resulta que me doy cuenta de que en verdad no necesito ningún automóvil; entonces no tendré la necesidad de buscar distintas ofertas, informarme sobre cada una de ellas, ni de dinero para comprar el que quiera. Lo mismo se podría deducir sobre cualquier otra necesidad que tengamos, o creamos tener. Es decir, a menor número de necesidades y deseos, mayor libertad.

Es esta última idea la más difícil de llevar a la práctica, debido a la sociedad tan consumista y meritocrática donde vivimos, y donde nos obligan desde nuestra niñez a desear más y más cosas de todo tipo, y aumentando desaforadamente esta pasión consumidora conforme vamos creciendo y vamos acomodándonos sin percatarnos de ello a esa idea equivocada y tan extendida del “tanto tienes, tanto vales”, y que sólo termina conduciéndonos de cabeza al pozo sin fondo de la esclavitud y la desdicha. Esta idea, no sólo es aplicable a las necesidades materiales, sino también a aquellas otras necesidades sociales y anímicas que todos tenemos, el deseo de ser amados, queridos por otros, la necesidad de sentirnos integrados, tener éxito o ser respetados por los demás.

Pero aún se me ocurre otra de las grandes lacras que no hacen más que mermar nuestra limitada libertad: el miedo injustificado. Miedo a perder el trabajo, la pareja, a no conseguir nuestros objetivos estipulados, a no ser aceptados por la sociedad, a parecer extraño, a sentirnos vigilados, a padecer alguna enfermedad grave, al futuro incierto, a la soledad, al olvido, a la muerte.... y un largo etcétera. Cada uno de estos miedos lo único que consiguen es paralizar nuestras mentes y sumergirnos es un estado de continua alerta y estrés mortificante. En pocas palabra, nos impiden actuar con libertad. De nada nos sirve el disponer de todo y tener todas las posibilidades de obtener lo que queramos si continuamente estamos asustados por el qué dirán o el qué pasará. Simplemente, el miedo evitará que utilicemos nuestra libertad debidamente, siendo él el que gobierne directamente nuestros actos y, por tanto, nuestras vidas.

La única forma que se me ocurre de evitar este sentimiento pernicioso y de poder llevar a la práctica el desapego mencionado anteriormente, es con una educación adecuada, donde se nos enseñe de verdad a pensar por nosotros mismos, apartados de modas y corrientes actuales, que evite que entremos, o si ya lo hemos hecho, que nos permita salir de esa fosa oscura a la que nos lleva sin remedio la insensatez y la ignorancia, y que sólo puede tener un final: el sufrimiento.




viernes, 23 de julio de 2010

Esclavos

 Tiempo atrás, el esclavo era azotado, humillado y tratado como la peor de las escorias existentes. Transcurrían sus días junto a los perros, su vida valía menos que nada, su única ilusión consistía en sufrir lo menos posible; su mayor anhelo, una muerte apacible. No poseía bienes, el tiempo no le pertenecía, el respeto le era desconocido y el mejor de los dones que podía recibir era un trato apacible. Su condición le era impuesta a la fuerza, por herencia o por la mala suerte de pertenecer al bando perdedor; en nada contribuían sus dotes para las letras, la ciencia, las armas, la política o cualquier otro tipo de saber. La única habilidad que se le exigía era la perfecta sumisión y la disposición inalterable para el duro trabajo. Tal era la vida del esclavo, y nadie se cuestionaba su existencia y utilidad. Eran indiscutiblemente necesarios para el buen desarrollo de cualquier nación, ¿quién si no iba a trabajar en el campo, recoger las cosechas, servir a los señores, arriesgar sus vidas en interminables construcciones descomunales, extraer los minerales necesarios...?

Por entonces no existía duda alguna sobre la posición de cada cual. Mientras el esclavo se arrastraba suplicando por un mendrugo de pan, el señor le pateaba sin contemplaciones y, si tenía a bien, le arrojaba algunas migajas. La vida del esclavo no solía ser demasiado larga, lo cual acortaba su agonía, proporcionándole la muerte prematura el merecido descanso. Era lo que había... y estaba bien.

En la actualidad, el esclavo se levanta temprano, cuando el estridente sonido del despertador le anuncia el comienzo de su jornada. Desde ese preciso momento en el que abandona la realidad de sus remotos e intransferibles sueños, su mente deja de ser libre y pasa a ser propiedad indiscutible del Señor que la haya entrenado para su uso personal. Ya no es azotado ni golpeado brutalmente, ahora se le domestica desde el mismo día de su nacimiento para que su sumisión sea total, pacífica y consentida, como siempre se ha hecho con cualquier animal doméstico: trabajo a cambio de comida, techo y pequeños placeres engañosos.

Pero el hombre ha llegado a ser más inteligente que el animal, así que los medios para lograr este sometimiento incondicionado han tenido que avanzar también en la misma proporción, siendo ahora más sutiles e imperceptibles de lo que nunca han sido; ya no basta el mendrugo de pan. El infernal despertador tan sólo es uno de los muchos aparatos inventados por los poderosos para tener al esclavo en su mano cuando lo desee. Existen otros muchos más sofisticados y eficaces, como la televisión, la radio, los periódicos, las escuelas o las actividades de ocio, con su tremendo poder de sugestión y absorción.

Pero el mayor y más inteligente de todos estos inventos es sin duda alguna el dinero. Pagarle un sueldo al esclavo para luego exigírselo con intereses para que éste pueda ejercer cualquiera de sus “derechos” con “libertad”, es de una genialidad sin precedentes en el mundo. Cierto que también es la única forma que tiene el esclavo de dejar de serlo para convertirse en Señor, o para subir algún peldaño en la jerarquía, ya que también hay esclavos de primera, de segunda y de tercera, pero precisamente ahí radica su originalidad tan excepcional. Porque aun cambiando de condición, siempre continuará siendo esclavo del mismo dinero que lo ha encumbrado; sencillamente perfecto.

El dinero, junto con el adoctrinamiento previo del esclavo para inculcarle el deseo inamovible de convertirse en Señor, son las mejores armas con las que cuentan los señores de la actualidad para seguir disponiendo hasta el infinito de un ejercito de esclavos sumisos, obedientes y disponibles a toda hora, para cualquier fin que ellos tengan a bien, siempre con las miras de aumentar más y más su poder y grandeza.

Y para ello, estos señores conocen a la perfección los entresijos mentales que gobiernan los actos del esclavo: su insaciable sed de poder, el deseo irrefrenable de placer ilimitado, la ira y la envidia que le mueven a cometer las acciones más viles e indignas por igualarse al vecino o por someter a todo el que es diferente. Todo ello es explotado hasta la saciedad con el único objetivo de mantener a las hordas de esclavos subyugadas y resignadas a su condición de esclavitud. Incluso el alargamiento de la vida y su mejor calidad es aprovechado convenientemente para que el esclavo sea más productivo y eficiente, lo cual da que pensar y sospechar.

Porque, ciertamente, el esclavo ha mejorado mucho su calidad de vida a lo largo del tiempo... pero aún queda mucho trabajo por delante hasta acabar del todo con la perniciosa esclavitud... si es que ello es posible. Porque se me ocurre que quizás sea condición indispensable para la existencia humana la presencia de amos y servidores, ya que siempre habrá mucho trabajo por hacer y pocos que quieran hacerlo.

Por todo lo expuesto, lo único que se me ocurre para abandonar de una vez por todas esta miserable condición de esclavitud, es aprender a vivir de forma sencilla, con las menores necesidades posibles, siendo autosuficientes y alejándonos del voraz consumismo que nos sumerge hasta el cuello en el infierno de la podredumbre desde el que se sustenta el puesto de poder del amo. La lucha por la libertad es la única batalla que se me antoja justa y necesaria, y creo que tampoco es tan difícil ganarla, ya que se puede ser más libre estando encerrado en la más sombría prisión del lugar más alejado y olvidado de la Tierra, que viviendo en una suntuosa mansión rodeado de todos los lujos y placeres creados por el hombre. Porque, mientras te dejen pensar libremente, podrás ser libre. Sólo así se podrá derribar la tortuosa barrera de la educación impuesta y del modo de vida establecido por otros, para poder dar rienda suelta al divino libre albedrío, con el que aún no han podido. No sabemos el tiempo que tardarán en hallar el modo de hacerlo.

La Libertad es la única forma de vida digna, por ello, SÉ LIBRE, aunque tengas que comportarte como un esclavo ante los demás (¡qué sabrán ellos!).