domingo, 3 de abril de 2016

Los Once Pasos de la Magia


Basado en las enseñanzas del psicoanalista argentino Jose Luis Parise, el próximo 16 de abril presento este interesantísimo taller en el local de El Globo Azul.
Tráete tu propio proyecto de vida y te ayudaré a hacerlo realidad.




domingo, 14 de febrero de 2016

Mi propio experimento del arroz

Bueno, pues ahora sí que sí. Ya sí que puedo hablar por experiencia propia, y no sólo por lo que he visto por Internet, me han contado o he oído por ahí.
El día 20 de enero comencé con el experimento del arroz que hizo famoso hace algunos años el Dr. Masaru Emoto (https://www.youtube.com/watch?v=CzQ_Ljh0vaA). Yo sólo utilicé dos tarros de cristal con un poco de arroz cocido cada uno, y ambos bajo las mismas condiciones; en uno de ellos pegué la etiqueta “GRACIAS” (tarro nº 1) y en el otro “TE ODIO” (tarro nº 2), colocándolos uno junto al otro en la cocina de mi casa. Y cada día, por la mañana, he realizado la misma operación: cogía el primer tarro y le daba las gracias, le dedicaba algunas palabras de agradecimiento y cariño, mientras que al segundo lo insultaba y le decía “te odio” repetidas veces.
Pues bien, el día 6 de febrero, en el tarro nº 2 empezaron a aparecer hongos de un color verde oscuro, como se puede apreciar en las imágenes tomadas, mientras que el nº 1 continuaba con su aspecto inicial. Continué con la misma práctica los siguientes días, observando cómo en el tarro nº 2 seguían proliferando los hongos más y más hasta ocupar toda la superficie del arroz y el tarro nº 1 continuaba igual de impoluto.
Y así seguí hasta el día 14 de febrero, día en el que decidí que ya era más que suficiente, el experimento había resultado tal y como es descrito por el autor. Las imágenes hablan por sí mismas.



Que cada cual saque sus propias conclusiones. Estas son las mías:

1.    Lo sutil origina lo denso; la palabra modifica la materia, o al menos dispone del poder para hacerlo.
2.   La intención que aplicamos en algo es crucial para la obtención del resultado, sea este el que sea.
3.   Las palabras e intenciones que utilizamos cada día son de una importancia vital en la realidad que nos rodea, ya que esta realidad se va construyendo precisamente a cada instante con esas palabras e intenciones.
4.  Las bendiciones realizadas sobre los alimentos promovidas por distintas religiones, tienen un significado más profundo del que la mayoría de gente cree; no son sólo meros rituales, sino auténticas prácticas saludables.
5.   Las palabras que les dedicamos a las demás personas con las que interactuamos tienen mucha más importancia de la que podríamos imaginar para su salud, así como para la nuestra, tanto para bien como para mal.
6.   En definitiva, nos pasa lo que nos pasa, porque nosotros mismos lo provocamos, para bien o para mal, con nuestra manera de interactuar con el mundo y con nuestros semejantes. Nada nuevo bajo el sol… aunque puede que sí para ti.

Oseasé, que cuidadito con lo que decís y pensáis a partir de ahora; de ello dependerá vuestra vida.

Quien tenga oídos para oír que oiga, quien tenga ojos para ver que vea.

viernes, 13 de marzo de 2015

La paradoja del Libre Albedrío




La Tierra es un planeta evolutivo en el espacio y el tiempo de libre albedrío. No todos lo son. La cualidad del libre albedrío permite una evolución diferente, basada en el sufrimiento y el miedo; nadie podrá negar que, a estas alturas, ya todos sois unos grandes expertos en estos dos sentimientos o emociones.
El libre albedrío es considerado como una cualidad positiva, y no lo voy a negar, como herramienta evolutiva es inmejorable. Se podría definir como la capacidad del ser humano de decidir por cuenta propia en todo momento, y… ¿a quién no le gusta poder decidir por sí mismo? El caso es que esa capacidad de libre elección no siempre os conduce por el camino que más os conviene, de ahí que sean el sufrimiento y el miedo las emociones y sentimientos asociados a ella. Pero esa es otra historia.
Mi intención con este escrito es demostrar que no necesitáis tener tanto apego al libre albedrío que os define. La paradoja es la siguiente: necesitáis el libre albedrío para adquirir consciencia, para elevarla, y, sin embargo, a mayor consciencia menor libre albedrío. Un ser humano con muy baja consciencia, con una vibración muy densa, y con todo su libre albedrío, podrá hacer prácticamente lo que le de la gana, independientemente del daño que pueda ocasionarse a sí mismo o a otros seres. Podrá matar, violar, maltratar… sin que nada dentro de su propio ser se lo impida. En el momento en el que empieza a adquirir consciencia, a elevar su vibración, esa propia consciencia será la que le impida realizar determinados actos. Otro ejemplo menos extremo: una persona con poca consciencia sobre los alimentos, comerá siempre lo que quiera o lo que pueda, animales maltratados, comida basura, alimentos procesados,… independientemente del daño que se origine a sí misma o, indirectamente, a otros seres. Tomar consciencia de los alimentos y la nutrición le impedirá consumir muchos de los alimentos que antes consumía con total tranquilidad, ya que disponía de libre albedrío para ello.

En definitiva, la consciencia restringe vuestro libre albedrío. Pero esto, lejos de ser algo negativo, como puede parecer, es lo más maravilloso que os puede suceder. Al elevar vuestro nivel de consciencia os acercáis más a lo que sería vuestro propio Ser Superior, es decir, la consciencia os entrega a vuestra Esencia más elevada, os pone en sus manos, “ríndete y serás libre” decía el Buda, ¿en manos de quién podríais estar mejor que en las de vuestro propio Ser Superior? Porque sólo Él, es decir, Vosotros, conocéis lo que mejor os conviene, lo que más os acerca a vuestro auténtico propósito en esta vida. Así que desapegaos por completo de la cárcel que supone el libre albedrío y entregaos libremente a la voluntad de la Fuente, de la Providencia, porque esa es vuestra propia voluntad, aunque sea desconocida para vuestra mente egoica. Es la consciencia, y no el libre albedrío, la que os “obliga” de alguna manera a hacer sólo aquello que debéis hacer para alcanzar el propósito más elevado que esta vida os tiene deparado.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Tan fácil y lo difícil que lo hacemos




Objetivo: Evolucionar
Cómo: Elevando nuestra vibración (conciencia)
De qué manera: Amando, respetando, sintiendo, volviendo a amar, comprendiendo, aprendiendo... y amando de nuevo.

Y eso es todo... el resto es paja.


sábado, 6 de diciembre de 2014

El Proceso de Despertar


Desde nuestra posición, distinguimos dos tipos de personas diferentes: las dormidas y las que están despertando, o en proceso de despertar. Mientras que continuéis viviendo en este planeta, dentro de esta ilusoria realidad humana, nadie estará despierto del todo. Es más, ni incluso tras el tránsito de la muerte llegaréis a despertar por completo, aún entonces continuaréis en este proceso de despertar de manera indefinida, en otros planos y realidades diferentes.
¿Quiénes son aquellas personas aún dormidas? Todas aquellas que aún no se hayan percatado de que la realidad es mucho más grande y misteriosa de la que perciben por sus sentidos. Aquellas personas que no quieren creer en la inmensidad invisible que las rodea, les da la vida y el poder para abandonar la realidad artificial en la que sus propias mentes las tienen atrapadas. Aquellas personas que no habrán pasado de leer el primer párrafo de este escrito. Así que las personas en proceso de despertar son aquellas otras que han tomado conciencia de que son mucho más de lo aparente, que se han dado cuenta de la posibilidad de otra realidad más allá de los sentidos, de lo meramente físico y material, y comienzan una búsqueda en pos de aquello que vislumbran, en principio, como tan sólo una mera posibilidad.
Una vez iniciado este proceso de despertar, no hay marcha atrás, todos serán pasos hacia delante, aunque algunos no lo parezcan. De la misma manera, tampoco existen dos procesos iguales, cada cual tiene el suyo, así como no los hay mejores ni peores. Tampoco la rapidez tiene trascendencia alguna una vez comenzado. Lo único importante es empezar, algo que llega tarde o temprano a todo ser humano.
Si consideráis que ya os encontráis inmersos en este proceso de despertar, enhorabuena, ya lo habéis conseguido… ahora apechugad con ello, porque no ha hecho más que empezar un periplo en vuestra vida, un nuevo ciclo, que os conducirá irremediablemente por noches oscuras, desiertos interminables y tenebrosos bosques sombríos. Pero tranquilos, también os llevará por parajes iluminados, verdes prados celestiales y bellos paisajes multicolores. Todos estos pasos serán igual de válidos e importantes, y será el propio proceso el que os conduzca de uno a otro, así como será también el propio proceso el que os saque de ellos una vez concluidos, sólo para comenzar otro diferente, ni mejor ni peor. Utilizad las propias herramientas que el proceso os ponga por delante en cada momento y que más cómodas os resulten para cada ocasión, relajaos e intentad disfrutar de todo lo que acontezca. Observarlo como lo que es: parte del proceso, ni más ni menos.
Dicho esto, obvia decir que no hay nada que buscar, nada que alcanzar, aparte de la propia paz, tranquilidad, armonía y equilibrio que obtendréis una vez que toméis conciencia plena de que la iluminación os llegó en el mismo instante en que “decidisteis” iniciar este proceso de despertar. Pero también esto llegará tarde o temprano como parte del mismo proceso… y por nada del mundo penséis que todo terminará ahí, de hecho, lo más fácil es que ni siquiera os deis cuenta cuando os llegue tal estado permanente en vuestras vidas.
Mucho podríamos aconsejaros desde nuestra posición, como que eliminéis por completo los juicios, tanto propios como ajenos, observéis vuestros pensamientos y emociones, sean ésta cuales sean, o fluyáis con todo aquello que el proceso os depare… pero no serían más que palabras vacías si aún no os ha llegado el momento de integrarlas en vuestras vidas, cosa que llegará cuando menos lo esperéis y sin daros cuenta. No hay prisa, todo está en su justo punto.
Si habéis llegado hasta aquí leyendo, nuestras más sinceras felicitaciones, estáis en el proceso de despertar… o sea, haciendo lo que tenéis que hacer, sea lo que sea lo que estéis haciendo, os parezca correcto o no. Ánimo y sentir el máximo amor de nuestra parte.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

Antiguo Paradigma Vs. Nuevo Paradigma (Guía del Buscador)



  • En el Antiguo Paradigma existía la conciencia de que había que “ganarse la vida”, la Vida era dura y había que luchar por ella, por encontrar un hueco donde encajar dentro de la sociedad. En el Nuevo Paradigma la Vida no hay que ganársela, ya que nos pertenece por derecho propio, tan sólo tenemos que coger lo que es nuestro, lo que deseamos o necesitamos, con una sola condición: el respeto por uno mismo, por el resto de la humanidad y por el planeta, junto con todo lo que crece sobre él.
  • En el Antiguo Paradigma se hablaba de lo bueno y de lo malo, de lo que estaba bien y de lo que estaba mal, condicionando de esa manera cada uno de nuestros actos, pensamientos o emociones. En el Nuevo Paradigma no existe lo bueno ni lo malo, lo correcto o incorrecto, tan sólo se tiene en cuenta el equilibrio y el desequilibrio, la armonía y la desarmonía; la Vida busca el equilibrio, así que siempre tenderá a ajustar nuestros excesos y defectos, sean éstos del orden que sea y a pesar nuestra, nos guste o no nos guste. En nuestras manos está el hacer que esta armonización se efectúe de la manera más natural posible, sin luchas ni conflictos, externos o internos.
  • En el Antiguo Paradigma nuestra vida estaba condicionada por multitud de circunstancias ajenas a nosotros: familia, educación, lugar de nacimiento, políticos, profesores, vecinos, etc. con lo que siempre teníamos alguien, o algo, a lo que culpar por nuestras desgracias o penalidades. En el Nuevo Paradigma la responsabilidad (que no la culpa) de todo lo que nos acontece en la vida es enteramente nuestra; lo pasado, pasado está, ya somos mayorcitos como para tomar las riendas de nuestra propia existencia y aceptar nuestra responsabilidad por completo, independientemente de lo que hicieran con nosotros en otros tiempos, ya sea en esta vida o en otras.
  • En el Antiguo Paradigma nos educaban desde la escasez y la desconfianza; había que ahorrar para el día de mañana, no podíamos fiarnos de nada ni de nadie, la Vida estaba en contra nuestra, tan sólo debíamos confiar en aquellos que se autoerigían como protectores nuestros. En el Nuevo Paradigma educamos a nuestros hijos desde la base de la confianza; la Vida fluye a nuestro favor, tan sólo tenemos que aprender a fluir con Ella y nunca nos faltará nada que necesitemos.
  • En el Antiguo Paradigma necesitábamos unirnos en asociaciones, partidos políticos, iglesias, comunidades, etc.; una persona sola, independiente, era débil, vulnerable, no tenía nada que hacer. En el Nuevo Paradigma somos conscientes de nuestro propio poder como individuos y del lazo permanente que nos une con todo y con todos; las relaciones con nuestros semejantes son temporales, en base a necesidades comunes para cada momento y situación, sin perder nunca nuestra propia individualidad, evitando proselitismos, devociones y demás prácticas por las que otorguemos nuestro poder a otras personas o entidades.
  • En el Antiguo Paradigma se consideraban “artistas” a aquellas pocas personas capaces de desarrollar su creatividad abiertamente; eran personas dotadas con dones o habilidades especiales, fuera de lo común. En el Nuevo Paradigma todos somos artistas, todos somos creadores, todos poseemos capacidades especiales que nos permiten crear en el momento en que nos conectamos con nuestra Fuente interna de inspiración.
  • En el Antiguo Paradigma teníamos creencias basadas en dogmas de fe, ideas surgidas de otras mentes que nos habían sido impuestas desde nuestra infancia o, más adelante, a partir de nuestro propio aprendizaje, condicionado por ideas extraídas de personas ajenas a nosotros a los que considerábamos “maestros”, gurús, gente de confianza, etc., que nos convencían de una manera o de otra, con razonamiento o sin él, con discernimiento o sin él. En el Nuevo Paradigma ya no se tienen creencias, sino certezas, basadas en la resonancia vibratoria que dichas ideas puedan tener, o no, con nuestra frecuencia de vibración, con nuestra conciencia en determinado momento. Estas certezas pueden cambiar, y de hecho deben hacerlo, conforme esa frecuencia vaya cambiando, evolucionando.
  • En el Antiguo Paradigma el ser humano aprendía a través de la ley del Karma o, lo que es lo mismo, “a base de palos”; las consecuencias de nuestros actos se alejaban tanto en el tiempo de los mismos, que apenas podíamos relacionar las unas con lo otros, dificultando así en gran medida el aprendizaje. En el Nuevo Paradigma el aprendizaje es mucho más rápido, prácticamente sobre la marcha; el Karma ya apenas tiene sentido, liberándonos por fin de las cadenas opresoras del pasado. Esta es una consecuencia más de nuestra toma de responsabilidad total.
  • En el Antiguo Paradigma se creía en la necesidad de tener una seguridad financiera, un trabajo bien remunerado, un empleo fijo, etc., en lo cual gastábamos la mayor parte de nuestra energía. En el Nuevo Paradigma tenemos la confianza de que el Universo provee, y cada cual tiene la libertad de poder dedicarse a lo que realmente le satisface plenamente, para su bien propio y para el bien de toda la comunidad. Cada ser humano tiene un propósito particular, y es en este propósito donde únicamente puede desarrollar por completo la totalidad de su potencial creativo; con ello, todos ganamos y la energía malgastada es mínima.
  • En el Antiguo Paradigma se tenía la conciencia de que en el Mundo pasan cosas, independientemente de uno mismo, con lo cual cada individuo poco podía hacer por mejorarlo. En el Nuevo Paradigma sabemos que tan sólo suceden cosas en nuestro mundo particular, por tanto cada ser humano se esforzará por crearse un mundo amigable y beneficioso para él, y de esa manera cada mundo particular se verá beneficiado por el de sus semejantes más cercanos.
  • En el Antiguo Paradigma se buscaba la Iluminación, un estado de total claridad y comprensión de todo lo que acontece, que nos situaría en una posición privilegiada ante el resto de semejantes. En el Nuevo Paradigma cada ser humano brilla con Luz propia, no existe la necesidad de ninguna búsqueda ya que poseemos todo lo que necesitamos para desarrollarnos plenamente; nadie es, ni será nunca, mejor que nadie.
  • En el Antiguo Paradigma la mente prevalecía sobre el corazón, obviándose casi por completo el poder de la intuición, la capacidad creativa y el empuje apasionado de las emociones positivas. En el Nuevo Paradigma mente y corazón van de la mano, proporcionando a cada individuo todo el potencial que éste es capaz de desarrollar.

lunes, 25 de marzo de 2013

Cerebro-Corazón




       “Lo hizo de corazón”, “me habló con el corazón en la mano”, “de corazón a corazón”, “te lo digo de corazón”, “escucha a tu corazón”, “el corazón nunca se equivoca”...
       ¿Simples frases hechas? Pues según recientes publicaciones científicas de prestigio, parece ser que no (véase como ejemplo este artículo del periódico La Vanguardia). Según estas publicaciones, el corazón humano posee unas cuarenta mil neuronas, con sus circuitos neuronales incluidos, funcionando a pleno rendimiento independientemente del cerebro-mente, aunque interconectados, como todo en nuestro cuerpo. Podrían parecer pocas neuronas si las comparamos con los millones de ellas que posee el cerebro de la cabeza, pero si tenemos en cuenta que este cerebro-corazón no necesita recordar el pasado, ni imaginar ningún futuro, ni hacer elucubraciones extrañas, ni especular con la información, ni recurrir a creencias de todo tipo, ni nada por el estilo, ni tan siquiera pensar, resulta que son más que suficientes para su propósito.
       Al igual que el cerebro-mente se comunica con el exterior a través de los sentidos (lo que podríamos llamar el cuerpo físico) y trabaja con la información que recibe de éstos, el cerebro-corazón recibe la información que requiere a través de las emociones (cuerpo emocional). Este simple hecho hace que el cerebro-corazón aventaje sustancialmente en fiabilidad y efectividad a su homólogo superior, ya que está demostrado ampliamente que al cerebro-mente tan sólo le llega un cincuenta por ciento aproximadamente de lo que existe fuera de él, en el exterior, y que el resto lo recompone él solito utilizando sus recuerdos, expectativas, creencias, hábitos, pensamientos, etc.; es decir, que para el cerebro-mente, todo es relativo, de ahí la evidencia de que cada cual percibimos una realidad diferente, existiendo tantos mundos como personas vivimos en él.
       Con las emociones no ocurre lo mismo: éstas son las que son, nos gusten o no, y habitan en nosotros de manera inconsciente para el cerebro-mente, invisible para él en la mayoría de las ocasiones, pero inevitables. El cerebro-corazón nos proporciona las respuestas justas y necesarias que necesitamos en cada momento según estemos sintiendo esto o lo otro. ¿Cuál es el problema? Que con el tiempo, a medida que vamos creciendo, vamos perdiendo el saludable hábito de escucharlo, dejando prácticamente la totalidad de nuestras funciones en manos del cerebro-mente, con todas sus limitaciones y prejuicios. Es innegable que el cerebro-mente tiene una utilidad práctica muy necesaria e insustituible; sin él nunca podríamos haber llegado al nivel evolutivo en el que nos encontramos. Pero eso no quita para que aprendamos a darle su lugar como herramienta útil en determinados casos, en vez de dejarlo, como solemos hacer, como motor de todas nuestras actividades, decisiones y propósitos en la vida. El cerebro-mente es el responsable de que actuemos en contra de nuestros auténticos sentimientos, el que nos dice “qué dirán”,  qué pensarán”, “a ver si se molestan”, “es lo que hay”, “no podré”, “esto no me pega”, “ya lo haré más adelante”, “seguro que no funcionará”, “nadie lo entenderá”, “voy a hacer el ridículo” y un largo etcétera de excusas y más excusas con las que nos auto-convencemos y auto-obligamos a hacer o no hacer justamente lo contrario de lo que realmente nos apetece en cada momento y en cada situación. En resumen, el cerebro-mente suele impedirnos ser quienes realmente Somos.
       Por el contrario, el cerebro-corazón siempre nos impulsará a hacer lo debido, lo correcto para nuestro auténtico Ser, guste o no guste, pegue o no pegue, moleste a quien moleste, aunque no siempre sea lo esperado, ni deseado, ni tan siquiera por uno mismo, pero sí lo que en ese momento concreto necesitamos para encontrarnos en paz, en armonía, con nuestra propia naturaleza, ya sea pegar un grito de alegría, llorar amargamente, abandonar un lugar, dejar a determinadas personas, decir no, llamar a alguien, cambiar de trabajo, de actividad, de país, o lo que sea que sintamos en ese momento concreto. Si hemos olvidado cómo hacerlo, cualquier niño puede refrescarnos la memoria; ellos, al igual que nosotros cuando lo fuimos, saben mejor que nadie actuar según les dicte el corazón: lloran cuando tienen que llorar y ríen cuando tienen que reír, pueden cambiar de actitud en cuestión de segundos, sin recordar para nada lo que estaban haciendo unos minutos atrás. Sus mentes están libres de prejuicios, expectativas, planes de futuro, ni nada por el estilo que los bloquee ni les impida expresarse con entera libertad según sientan en cada momento.
       Evidentemente ya no somos niños, supuestamente tenemos más madurez, más sabiduría, más experiencias acumuladas, y todo este bagaje debería poder facilitarnos mejores respuestas ante cualquier situación. En cambio, continuamos sufriendo, enfermando, sin estar en paz, buscando soluciones dios sabe dónde... Pero seguro que todos conocemos a personas que parecen encontrarse en todo momento en un estado de relajación, pase lo que pase, que están en paz consigo mismos y con el resto del mundo. Y seguro que todos nos hemos dado cuenta de que suelen ser personas muy sensibles, personas que suelen obedecer siempre a sus intuiciones... es decir, que “escuchan a su corazón”. En el artículo citado arriba se exponen con claridad las distintas maneras con las que el cerebro-corazón se comunica, no sólo con el resto del cuerpo, sino también con todo lo que le rodea. Como viene ocurriendo con otros muchos campos, al fin parece que la ciencia empieza a acercarnos a todo ese conocimiento ancestral que tantísimos seres humanos a lo largo de la historia, y en el presente, han intentado demostrar de manera más intuitiva que empírica, no por ello menos valorable, por lo que se ve.
       La conexión entre nuestro corazón y nuestra mente es posible y necesaria, ambos deben funcionar de manera conjunta y sin interferencias; a mi parecer, este aprendizaje, o re-aprendizaje, es de vital importancia para todo aquel que desee de verdad mejorar sustancialmente su calidad de vida y llegar a ser quien realmente Es.
       Os lo digo de corazón.