Bueno, pues
ahora sí que sí. Ya sí que puedo hablar por experiencia propia, y no sólo por
lo que he visto por Internet, me han contado o he oído por ahí.
El día 20 de
enero comencé con el experimento del arroz que hizo famoso hace algunos años el
Dr. Masaru Emoto (https://www.youtube.com/watch?v=CzQ_Ljh0vaA).
Yo sólo utilicé dos tarros de cristal con un poco de arroz cocido cada uno, y
ambos bajo las mismas condiciones; en uno de ellos pegué la etiqueta “GRACIAS”
(tarro nº 1) y en el otro “TE ODIO” (tarro nº 2), colocándolos uno junto al
otro en la cocina de mi casa. Y cada día, por la mañana, he realizado la misma
operación: cogía el primer tarro y le daba las gracias, le dedicaba algunas
palabras de agradecimiento y cariño, mientras que al segundo lo insultaba y le
decía “te odio” repetidas veces.
Pues bien, el
día 6 de febrero, en el tarro nº 2 empezaron a aparecer hongos de un color
verde oscuro, como se puede apreciar en las imágenes tomadas, mientras que el
nº 1 continuaba con su aspecto inicial. Continué con la misma práctica los
siguientes días, observando cómo en el tarro nº 2 seguían proliferando los
hongos más y más hasta ocupar toda la superficie del arroz y el tarro nº 1
continuaba igual de impoluto.
Y así seguí
hasta el día 14 de febrero, día en el que decidí que ya era más que suficiente,
el experimento había resultado tal y como es descrito por el autor. Las
imágenes hablan por sí mismas.
Que cada cual
saque sus propias conclusiones. Estas son las mías:
1. Lo sutil origina lo denso; la palabra modifica
la materia, o al menos dispone del poder para hacerlo.
2. La intención que aplicamos en algo es crucial
para la obtención del resultado, sea este el que sea.
3. Las palabras e intenciones que utilizamos cada
día son de una importancia vital en la realidad que nos rodea, ya que esta
realidad se va construyendo precisamente a cada instante con esas palabras e
intenciones.
4. Las bendiciones realizadas sobre los alimentos
promovidas por distintas religiones, tienen un significado más profundo del que
la mayoría de gente cree; no son sólo meros rituales, sino auténticas prácticas
saludables.
5. Las palabras que les dedicamos a las demás personas
con las que interactuamos tienen mucha más importancia de la que podríamos imaginar
para su salud, así como para la nuestra, tanto para bien como para mal.
6. En definitiva, nos pasa lo que nos pasa, porque
nosotros mismos lo provocamos, para bien o para mal, con nuestra manera de
interactuar con el mundo y con nuestros semejantes. Nada nuevo bajo el sol…
aunque puede que sí para ti.
Oseasé, que
cuidadito con lo que decís y pensáis a partir de ahora; de ello dependerá
vuestra vida.
Quien tenga oídos
para oír que oiga, quien tenga ojos para ver que vea.

1 comentario:
Gracias, Pedro, por hacer este experimento y compartir las conclusiones
Un abrazo
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