En el Antiguo Paradigma
existía la conciencia de que había que “ganarse la vida”, la
Vida era dura y había que luchar por ella, por encontrar un hueco
donde encajar dentro de la sociedad. En el Nuevo Paradigma la Vida
no hay que ganársela, ya que nos pertenece por derecho propio, tan
sólo tenemos que coger lo que es nuestro, lo que deseamos o
necesitamos, con una sola condición: el respeto por uno mismo, por
el resto de la humanidad y por el planeta, junto con todo lo que
crece sobre él.
En el Antiguo Paradigma se
hablaba de lo bueno y de lo malo, de lo que estaba bien y de lo que
estaba mal, condicionando de esa manera cada uno de nuestros actos,
pensamientos o emociones. En el Nuevo Paradigma no existe lo bueno
ni lo malo, lo correcto o incorrecto, tan sólo se tiene en cuenta
el equilibrio y el desequilibrio, la armonía y la desarmonía; la
Vida busca el equilibrio, así que siempre tenderá a ajustar
nuestros excesos y defectos, sean éstos del orden que sea y a pesar
nuestra, nos guste o no nos guste. En nuestras manos está el hacer
que esta armonización se efectúe de la manera más natural
posible, sin luchas ni conflictos, externos o internos.
En el Antiguo Paradigma
nuestra vida estaba condicionada por multitud de circunstancias
ajenas a nosotros: familia, educación, lugar de nacimiento,
políticos, profesores, vecinos, etc. con lo que siempre teníamos
alguien, o algo, a lo que culpar por nuestras desgracias o
penalidades. En el Nuevo Paradigma la responsabilidad (que no la
culpa) de todo lo que nos acontece en la vida es enteramente
nuestra; lo pasado, pasado está, ya somos mayorcitos como para
tomar las riendas de nuestra propia existencia y aceptar nuestra
responsabilidad por completo, independientemente de lo que hicieran
con nosotros en otros tiempos, ya sea en esta vida o en otras.
En el Antiguo Paradigma nos
educaban desde la escasez y la desconfianza; había que ahorrar para
el día de mañana, no podíamos fiarnos de nada ni de nadie, la
Vida estaba en contra nuestra, tan sólo debíamos confiar en
aquellos que se autoerigían como protectores nuestros. En el Nuevo
Paradigma educamos a nuestros hijos desde la base de la confianza;
la Vida fluye a nuestro favor, tan sólo tenemos que aprender a
fluir con Ella y nunca nos faltará nada que necesitemos.
En el Antiguo Paradigma
necesitábamos unirnos en asociaciones, partidos políticos,
iglesias, comunidades, etc.; una persona sola, independiente, era
débil, vulnerable, no tenía nada que hacer. En el Nuevo Paradigma
somos conscientes de nuestro propio poder como individuos y del lazo
permanente que nos une con todo y con todos; las relaciones con
nuestros semejantes son temporales, en base a necesidades comunes
para cada momento y situación, sin perder nunca nuestra propia
individualidad, evitando proselitismos, devociones y demás
prácticas por las que otorguemos nuestro poder a otras personas o
entidades.
En el Antiguo Paradigma se
consideraban “artistas” a aquellas pocas personas capaces de
desarrollar su creatividad abiertamente; eran personas dotadas con
dones o habilidades especiales, fuera de lo común. En el Nuevo
Paradigma todos somos artistas, todos somos creadores, todos
poseemos capacidades especiales que nos permiten crear en el momento
en que nos conectamos con nuestra Fuente interna de inspiración.
En el Antiguo Paradigma
teníamos creencias basadas en dogmas de fe, ideas surgidas de otras
mentes que nos habían sido impuestas desde nuestra infancia o, más
adelante, a partir de nuestro propio aprendizaje, condicionado por
ideas extraídas de personas ajenas a nosotros a los que
considerábamos “maestros”, gurús, gente de confianza, etc.,
que nos convencían de una manera o de otra, con razonamiento o sin
él, con discernimiento o sin él. En el Nuevo Paradigma ya no se
tienen creencias, sino certezas, basadas en la resonancia vibratoria
que dichas ideas puedan tener, o no, con nuestra frecuencia de
vibración, con nuestra conciencia en determinado momento. Estas
certezas pueden cambiar, y de hecho deben hacerlo, conforme esa
frecuencia vaya cambiando, evolucionando.
En el Antiguo Paradigma el
ser humano aprendía a través de la ley del Karma o, lo que es lo
mismo, “a base de palos”; las consecuencias de nuestros actos se
alejaban tanto en el tiempo de los mismos, que apenas podíamos
relacionar las unas con lo otros, dificultando así en gran medida
el aprendizaje. En el Nuevo Paradigma el aprendizaje es mucho más
rápido, prácticamente sobre la marcha; el Karma ya apenas tiene
sentido, liberándonos por fin de las cadenas opresoras del pasado.
Esta es una consecuencia más de nuestra toma de responsabilidad
total.
En el Antiguo Paradigma se
creía en la necesidad de tener una seguridad financiera, un trabajo
bien remunerado, un empleo fijo, etc., en lo cual gastábamos la
mayor parte de nuestra energía. En el Nuevo Paradigma tenemos la
confianza de que el Universo provee, y cada cual tiene la libertad
de poder dedicarse a lo que realmente le satisface plenamente, para
su bien propio y para el bien de toda la comunidad. Cada ser humano
tiene un propósito particular, y es en este propósito donde
únicamente puede desarrollar por completo la totalidad de su
potencial creativo; con ello, todos ganamos y la energía malgastada
es mínima.
En el Antiguo Paradigma se
tenía la conciencia de que en el Mundo pasan cosas,
independientemente de uno mismo, con lo cual cada individuo poco
podía hacer por mejorarlo. En el Nuevo Paradigma sabemos que tan
sólo suceden cosas en nuestro mundo particular, por tanto cada ser
humano se esforzará por crearse un mundo amigable y beneficioso
para él, y de esa manera cada mundo particular se verá beneficiado
por el de sus semejantes más cercanos.
En el Antiguo Paradigma se
buscaba la Iluminación, un estado de total claridad y comprensión
de todo lo que acontece, que nos situaría en una posición
privilegiada ante el resto de semejantes. En el Nuevo Paradigma cada
ser humano brilla con Luz propia, no existe la necesidad de ninguna
búsqueda ya que poseemos todo lo que necesitamos para
desarrollarnos plenamente; nadie es, ni será nunca, mejor que
nadie.
En el Antiguo Paradigma la
mente prevalecía sobre el corazón, obviándose casi por completo
el poder de la intuición, la capacidad creativa y el empuje
apasionado de las emociones positivas. En el Nuevo Paradigma mente y
corazón van de la mano, proporcionando a cada individuo todo el
potencial que éste es capaz de desarrollar.